Es verdad que me duele el país, pero no me sorprende, Durante las elecciones una y otra vez anticipé lo que sería en el gobierno un peronismo sin plata. También sabía el grado de corrupción de sus dirigentes y el perfil psicológico del Presidente y la Vice, un estafador y una megalómana narcisista. El primero, fiel a su estilo de embaucador, se pone en víctima y pone en escena maniobras de distracción. Por ejemplo, anoche en La Plata dijo que «si le va bien a la Argentina se morirán 60.000 personas, y si le va mal 250.000», cuando antes especuló que con Macri «hubiésemos tenido 10.000 muertos», mientras él sumó hasta hoy 41.763. Otro rasgo de su perfil psicopático de estafador es su falta de afecto y empatía con el dolor ajeno. Solamente Alberto Fernández le pudo regalar un perro a la madre de Astudillo Castro muerto por la policía. Y así cada tema, el asado, los jubilados o las vacunas.

Ella, lo mismo. Centrada en su problemática judicial y expresando cada vez más sus estados de furia. «Soy yo, pelotudo»; «que se suturen el orto»; «funcionarios que no funcionan»; «la Argentina es el lugar donde mueren todas las teorías económicas»; «los que tengan miedo que se vayan a buscar otro laburo». Expresa la emoción del odio que fustiga con el látigo a los tibios que no apuran su absolución. No hizo falta que nombrara al Presidente, estaba incluido.

Y así vamos, «es el mal de estos tiempos, los locos guiando a los ciegos» (W. Shakespeare). La Argentina se ha convertido en un país de ciegos, ignorantes, pedigüeños y frustrados, donde los sinvergüenzas sacan ventaja. Y la cuarentena nos mostró el rostro más horrendo de nuestra idiosincrasia, Como si fuera un Versalles criollo, la nobleza y el clero político no hizo el más mínimo gesto de recorte de gastos. Es más, estafaron a la administración pública porque siguieron cobrando desarraigo y sesionaban en sus casas. $ 33.000 cada uno de Marzo a Noviembre; o como el Intendente de aquí. que siguió con los nombramientos y el pago de contratos a amigos que no trabajan y están en Europa, Ellos siguieron de fiesta en el Palacio. Mientras el pueblo, del que tanto hablan, es el personal de salud arriesgando sus vidas por «dos pesos con cincuenta»; fue Diego Jiménez cargando en brazos su hija Abigail, que después moriría porque un idiota con uniforme le impidió el paso; fue Pablo Musse que no le pudo dar el último abrazo a su hija,; fueron las 92 víctimas por violencia policial; o fueron los miles de procesados, con secuestros de sus bienes, detenidos y acusados falsamente de propagar la pandemia con jueces que se prestaron para eso y les hicieron pagar fuertes multas; somos vos y yo, burreando y pagando impuestos, sin podernos juntar para un abrazo.

Y esto fue sólo el primer año de estos mamarrachos.

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