DIARIO JUNIO CONCORDIA

Dinero, Democracia y Corrupción: ¿Quién controla a legisladores y fiscales “cuando se ponen de acuerdo”?

Explícitamente en casos de diputados y legisladores o implícitamente tras bambalinas, tal presuntamente  lo acontecido  en la mega causa de los “Contratos Truchos”,  se corporiza el “acuerdo” de Fiscales y políticos.  La corrupción y el dinero conforman un matrimonio por conveniencia inescindible, del cual no quedarían afuera ni los “sabuesos”.  Ese maridaje impropio de poderes que deberían controlarse, salpica y ensucia la democracia y la confianza entre el pueblo y sus gobernantes.

En su raíz etimológica confianza proviene del verbo fiar, del latín fidere (confiar) que viene de fides (lealtad, fe). Y  la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE)  es “esperanza firme que se tiene de alguien o de algo” Le “fía” con fe la ciudadanía para que custodien lo más sagrado a los representantes del poder: sus sueños,  bienes, vida, la libertad y la construcción de un futuro colectivo porque están convencidos o deberían estarlo que aquellos serán leales.  Que harán lo adecuado y correcto en toda ocasión.

Como el pueblo no “delibera ni gobierna” sino por medio de sus representantes debe depositar esperanzadamente con fe sus creencias, proyectos colectivos, manejo del dinero público, en síntesis la protección de sus derechos en legisladores, legisladoras y en los demás miembros del poder político (Ejecutivo); y paralelamente, como en el sistema judicial está prohibida la venganza (superada la vieja ley del talión del ojo por ojo, diente por diente, que aparece por ejemplo, en el Antiguo Testamento en  Éxodo 21:23-25, en Levítico 24:18-20 y en Deuteronomio 19:21), debe renunciar a la “justicia por mano propia” y delegarla en Fiscales, fiscalas, jueces y juezas. Son esas y no otras en una simplificación sencilla, las bases fundamentales del Estado de Derecho actual, originado a partir de la Revolución Francesa.

EMBLEMA DE TRAICION A LA CONFIANZA PUBLICA

Los casos de «Varios Legisladores» por la misma información que  brinda el sistema judicial y que se va conociendo a medida que pasa el tiempo, bien puede ser considerado para quienes no somos expertos en derecho,  como el que mejor puede llegar a pintar  de cuerpo entero esa  traición al por mayor o a granel.

Como contrapartida es demostrativo  de como el andamiaje legal no tiene antídotos o un mecanismo de prevención institucional apto cuando la “confabulación de impunidad es gigantesca”, grotesca (una especie de  pacto de “alto nivel a gran escala”, que comprenda también a la oposición).

Podríamos considerar que hay indicios de que posiblemente haya sido precisamente eso  lo que ocurrió; y que – siempre en potencial – fue realizado por aquellos que deberían ser los principales o más celosos custodios de ese sentimiento de confianza popular. Se alinearon los planetas para que podamos ver, quizás,  aquí y ahora, en vivo y en directo como espectadores, al desnudo, un eclipse total de conjunción del poder, con una impúdica obscenidad desbordante: Política y Justicia

Un legislador durante 20 años ininterrumpidos se enriqueció ilícitamente. Confesó haber utilizado dinero público por más de un millón de dólares para adquirir bienes a su nombre o de familiares.  Y la Fiscal Anticorrupción Cecilia Goyeneche que es el espejo dorado en el que reflejan sus esperanzas Doña Rosa, por el cuidadoso mensaje de  los medios hegemónicos, ni siquiera lo imputó en la famosa causa de los contratos truchos, como tampoco  lo hizo con ningún legislador o legisladora.

Este último detalle es una “piedra en el zapato” del relato oficial de la Fiscalía, disruptivo con “la independencia” en la que sostiene se asienta. Es tan pero tan impresionante que merecería ya por peso propio  un lugar preponderante en la galería de los peores acontecimientos institucionales de la provincia:  Que en la mega causa de los contratos truchos de la legislatura entrerriana no haya imputado a ningún legislador o legisladora, de lo que infiere que son todos “inocentes”, que obraron con lealtad, y que los delincuentes presuntos son sus segundas o terceras líneas. La causa fue elevada a juicio  a mediados de  2021 y hoy está en la Corte por una cuestión de competencia…

Pero el caso de un legislador por el que queremos reflexionar , no terminó ahí: le “juntaron” otros dos delitos a ese enriquecimiento ilícito (amenazas y otra por violencia de género) y pretendían desde el MPF “cerrar todo  el paquete” (periplo o raid delictivo , siendo que el pueblo no puede ejercer la venganza)  con una condena de 32 meses de prisión condicional; con más la devolución de propiedades mal habidas  y una multa de tres millones de pesos.- No iba preso y “acá no pasó nada”. Todo cerraba en paz.

Recibió ese “acuerdo” la bendición del Procurador General Amilcar García, que, sostienen, lo habría monitoreado continuamente.

Cecilia Goyeneche, según una compulsa  de archivos en junio del 2020 declaraba a la prensa: “Estamos muy conformes y creo que socialmente se debe ver esto también como un triunfo”.

No hay necesidad de ser experto para darse cuenta que los Fiscales podrían haber incumplido con la ley, no haber medido a todos con la misma vara; que tanto legisladores, legisladoras por acción como fiscales y fiscalas por omisión, más que defraudar al Estado con dinero, que lo habrían hecho, fundamentalmente no  habrían sido leales ni  custodios de aquel sentimiento de confianza que el pueblo les depositó por imperio de las leyes

A  los legisladores y legisladoras, con el voto popular se los puede sacar. Esa es la forma democrática de depuración. Pero a los Fiscales y Fiscalas no. En el caso del Procurador General por la Constitución Provincial sólo por juicio político y a las y los fiscales por un proceso legal de Jury, como le están  haciendo hoy a Goyeneche.

HOY POR TI, MAÑANA POR MI

Pero aquí viene la trampa macabra en ésta coyuntura concreta para el pueblo, en el caso del cargo de Procurador General, que es la cabeza que dirige verticalmente esa organismo extra-poder, y amén del nombre propio de García: los que lo deben expulsar en ese Juicio Político son los legisladores, varios de aquellos mismos que benefició corporativamente no imputando a ninguno;. Esos legisladores serían los Jueces de García (Diputados harían las veces de Fiscales, en una especie de cambio de roles y Senadores serían los encargados de juzgarlo). Obvio que eso no ocurrió ni tampoco pasará.

Un puñado de preguntas se clavan como un puñal en el corazón de la ciudadanía de a pie: ¿Están más allá de la ley legisladores, jueces,  Fiscales, etc? ¿Son privilegiados/as? ¿Una nueva “aristocracia”? ¿Estarían jugando con éste conglomerado de hechos y omisiones al límite con la tolerancia popular? ¿Perdieron por completo la empatía y no miden más la sensación térmica social? ¿Subestiman el soberano? ¿El pueblo se debe bancar “naturalmente” como un hecho inevitable que éste tipo de situaciones sucedan, porque “la política” es así?

LA GOYENECHE ¿ FISCAL  ANTI QUÉ ?

Cecilia Goyeneche, quien se hace llamar  falsamente fiscal ANTICORRUPCIÓN y que hoy cuenta con el respaldo de Frigerio y Cía. que guardaron religioso silencio ante las imputaciones en la causa “contratos truchos”,  ante medios nacionales que la idolatran dijo que no había imputado a ningún/a legislador/a por “instinto de autopreservación”. Justificaba su inacción en esa sola palabra. 

Un “sincericidio” feroz o brutal,  que nos lleva a indagar seriamente que entiende ella y traslativamente el colectivo “Fiscales”, porque se han solidarizado con su causa, cual es su percepción particular de “autopreservación”. Parecería ser  que en dicho discurso “el pueblo” es un convidado de piedra, que no implica ningún riesgo del que se tengan que “preservar”.

La revolución Francesa en definitiva  fue la bisagra que permitió a la burguesía, inspirada en  las ideas de Jean Jaques Rousseau y Montesquieu  consagrar como logros la soberanía popular, el fin del absolutismo monárquico , la igualdad de derechos y la división de poderes (un ejecutivo, un legislativo y un judicial).

Ambos pensadores, pese a sus diferencias, confrontaban a la virtud de todo buen gobernante con la avidez por el dinero, justo el bien que escasea para las amplias mayorías, y que en abundancia brotaba (¿o aún brota??) de cualquier rincón en las causas “Allende”, y “contratos truchos”.

Monstesquieu decía: “los políticos griegos, que vivían en el gobierno popular, no reconocían otra fuerza que pudiera sostenerlo más que la de la virtud. Los de hoy no nos hablan más que de manufacturas, comercio, finanzas, riqueza, incluso de lujo” (¿igual que ahora??). Rousseau,: “los antiguos políticos hablaban sin cesar de costumbres y de virtud; los nuestros hablan tan sólo de comercio y de dinero” (¿igual que ahora??)

Deberían releer con perspectiva histórica  tanto García, Goyeneche como los legisladores,  legisladoras y políticos entrerrianos  los  antecedentes históricos de aquella gesta, en cuyos principios sustentan sus respectivos discursos en clave de poder, para justamente “poder” interpretarlos mejor.

Luis XVI gobernaba desde 1774 Francia. La mayoría de la población estaba en la miseria  mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como si nada ocurriera. Luis XVI se negó a realizar cualquier tipo de reforma y defendió los privilegios de la aristocracia frente al hambre y la miseria de su pueblo, que se estaba hartando de la injusticia  (¿¿como ahora??)

La historia cuenta que París salió a la calle y tomó la prisión de La Bastilla, símbolo del despotismo real, el 14 de Julio de 1789. La burguesía formó una milicia propia, la Guardia Nacional y el gobierno de París cayó en manos de los revolucionarios . Allí “tronó el escarmiento”. El médico y diputado Dr. Joseph-Ignace Guillotin, le propuso un método de ejecución “humanitario” a la Asamblea Legislativa, pero esa es otra historia.

El “acuerdo” de la Fiscalía con un Diputado fue un acto fallido, claramente, para el poder, como también lo está siendo hasta ahora la bochornosa “primera etapa”  en la mega causa de los “contratos truchos”.  Esa es la lectura que preferimos darles a ambos.

Aunque no hay presos, ni recuperaron un solo peso, tampoco  lograron la impunidad y dejaron toda la inmundicia a la vista del vulgo.

¿Harán falta reformas estructurales de la Constitución y de las leyes para no dejar en manos de esta nueva aristrocacia la sociedad de dinero e impunidad, ideando institutos con participación popular genuina?   o ¿Estará allí el germen del escarmiento?

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